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Los daños en el feto con microcefalia son ‘graves e irreversibles’

Los daños en el feto con microcefalia son ‘graves e irreversibles’

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El que ya es el primer caso de un feto afectado por microcefalia en España (segundo en Europa) por el virus Zika se detectó entre la semana 19 y 20 de gestación de una mujer en Cataluña, según se desprende de la rueda de prensa celebrada ayer en Barcelona. A partir de ese momento, y dado que ella ha decidido continuar con el embarazo, ¿cuál es el seguimiento médico que debe realizarse hasta el nacimiento y después de dar a luz? ¿Cuáles son las secuelas que el pequeño sufrirá a lo largo de su desarrollo?

Es precisamente en la semana 20 cuando está establecida la ecografía para el diagnóstico precoz de malformaciones fetales, «bien para tratarlas de forma intrauterina, si fuera posible; para conocerlas de cara a la afectación neonatal o para ofrecer la posibilidad a la pareja de interrumpir el embarazo, siempre dentro de la legalidad», argumenta Reyes Oliver, ginecóloga en el Hospital 12 de Octubre de Madrid. En palabras de Alberto Galindo, jefe de la sección de Obstetricia y responsable de la unidad de Medicina Fetal del mismo hospital, «habitualmente, la microcefalia se diagnostica tras las 20 semanas. Antes es muy raro, salvo casos más graves y de peor pronóstico».

Microcefalia significa que el perímetro cefálico es pequeño (el rango de normalidad del cráneo de un recién nacido oscila entre los 32 y 38 centímetros), «pero hay que averiguar la causa que lo produce«, apunta Víctor Soto Insuga, neuropediatra de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid. «El hecho de tener un cráneo con dimensiones menores, no supone un problema». En torno a un 2% de la población tiene la cabeza pequeña sin ninguna consecuencia sobre su salud o desarrollo. Sin embargo, «si la razón de que el cráneo no haya crecido adecuadamente se debe al mal desarrollo del cerebro, entonces, existen importantes secuelas, tales como retraso psicomotor, trastornos de aprendizaje, de conducta, epilepsia, problemas de audición y de visión«. Dependiendo del grado de anomalía, las complicaciones serán leves o graves: discapacidad intelectual, incapacidad para caminar, etc. El espectro de las secuelas es muy amplio.

Según indica el protocolo de actuación del Ministerio de Sanidad para el seguimiento de mujeres embarazadas en relación a las posibles complicaciones asociadas a la infección por virus Zika durante la gestación, en enero de 2016 se informó sobre la detección de lesiones oculares en la región macular de tres recién nacidos con microcefalia. Presentaban trastornos de pigmentación en la región macular y pérdida del reflejo foveal unilaterales. En uno de los recién nacidos se detectó, además, atrofia macular neurorretiniana.

Una infección que traspasa la placenta

Todo este conjunto de trastornos son consecuencia de la alteración cerebral que origina el virus. Se observan malformaciones en las capas de la corteza cerebral, «ventrículos cerebrales más grandes o calcificaciones«, describe Elena Carreras, presidenta de la Sociedad Catalana de Ginecología y Obstetricia. Cuando se inocula el virus a través de la picadura de un mosquito infectado (de la familiaAedes, principalmente el Aedes aegypti, el mismo que transmite el dengue, el Chikungunya y la fiebre amarilla) «se produce viremia, lo que significa que el virus entra en el torrente sanguíneo y se multiplica en el interior de las células de los vasos sanguíneos», explica Juan García de Lomas, jefe del Servicio de Microbiología del Hospital Clínico Universitario de Valencia y catedrático de Microbiología de la Facultad de Medicina de Valencia. Si se trata de una embarazada, «la viremia de la madre puede pasar a través de la circulación placentaria y producir viremia en el feto, llegando al cerebro y causando daños en las células nerviosas». Este riesgo de transmisión ocurre durante los siete días que transcurre la viremia en la persona infectada por el mosquito. «Después [de ese plazo], ya aparecen anticuerpos que van neutralizando la infección».

Por el momento, ningún estudio epidemiológico ha podido determinar con exactitud qué porcentaje de mujeres embarazadas con Zika desarrolla complicaciones en su bebé. Algún estudio brasileño (el país más afectado hasta la fecha) habla de un porcentaje de hasta el 29%, aunque otros trabajos rebajan este porcentaje a cifras más cercanas al 1-2%. «Los países vecinos de Brasil, que todavía tienen un número de casos de microcefalia muy inferior al de Brasil, se preparan para recibir una segunda oleada de nacimientos de madres con Zika. Y es probable que en esta población, mucho más controlada, podamos obtener datos más concluyentes», apunta Antoni Trilla, responsable de Epidemiología en el Hospital Clínic de Barcelona.

En el caso de la mujer embarazada en Cataluña, de la que no han trascendido detalles (no se sabe a qué país endémico ha viajado, ni su edad ni la actual semana de embarazo en la que se encuentra), seguirá adelante con la gestación. Según se ha explicado durante la rueda de prensa ofrecida por el secretario de la Agencia de Salud Pública de Cataluña (ASPC), Joan Guix, en el Hospital Vall d’Hebron, donde ha sido diagnosticado este caso, existe posibilidad de aborto en cualquier momento del embarazo, puesto que se trata de una patología muy grave e irreversible. Por ley, una vez pasan las primeras 20 semanas, habría que convocar a un comité de expertos del hospital que evaluase la malformación, pero en este tipo de situaciones, «se dan todos los requisitos para dar luz verde al aborto despenalizado», indica Galindo, responsable de la unidad de Medicina Fetal del Hospital 12 de Octubre.

Seguimiento neonatal

No obstante, y a partir de la decisión de continuar adelante con el embarazo, se inicia un seguimiento médico hasta el momento del nacimiento. Tras certificar que las dimensiones de la cabeza son inferiores a las estipuladas por la edad gestacional, el objetivo es descubrir el motivo que lo origina. Para ello, explica Galindo, «se hacen pruebas de imagen (ecografía y resonancia magnética) para comprobar si hay alteraciones anatómicas en el cerebro que justifiquen la microcefalia». Podrían ser malformaciones congénitas o «destrucciones de un cerebro previamente normal por infecciones como Zika o citomegalovirus, que son las que con más frecuencia atacan al sistema nervioso central». Posteriormente, se realizan pruebas de laboratorio a partir de la sangre de la madre y directamente al feto (a través del líquido amniótico o puncionando el cordón umbilical), con el fin de averiguar si han contraído alguna infección a lo largo del embarazo. «Una vez tenemos diagnóstico y causa, informamos a los padres del pronóstico del feto que, habitualmente es muy malo desde el punto de vista neurológico».

Hasta el momento del parto, los controles neonatales son frecuentes, para ver si además de la microcefalia hay alteraciones en otros órganos. «No es infrecuente el retraso en el crecimiento intrauterino, hepatomegalia [un aumento patológico del tamaño del hígado], signos de anemia, daño cardiaco…», puntualiza el especialista en Medicina Fetal. En función de la evolución del embarazo y de los signos de deterioro del feto, se actúa en el parto, hasta el punto de plantear adelantarlo. «Es recomendable que sea en un hospital con unidad neonatal avanzada para poder proporcionar los cuidados y estudios idóneos tras el nacimiento».

Seguimiento pediátrico

Una vez nace un bebé con microcefalia, el seguimiento pasa a manos de pediatras y neuropediatras. Tal y como explica Milagros García López Hortelano, coordinadora del comité de enfermedades tropicales de la Sociedad Española de Infectología pediátrica (de la Asociación Española de Pediatría), antes de darle el alta, «se le hace un estudio infeccioso para ver el grado de afectación, una ecografía cerebral (a través de la fontanela), un cribado ocular (por posibles daños en el nervio óptico, cataratas…) y cribado auditivo». También se realiza una resonancia magnética, un encefalograma y análisis de sangre. Después,dependiendo del grado de afectación, el seguimiento será más o menos intensivo, basado en revisiones desde el punto de vista infeccioso (con análisis de sangre), una ecografía cerebral y seguimiento clínico. «Durante los primeros meses tienen que hacerse controles del desarrollo psicomotor y exploraciones neurológicas frecuentemente», expone el neuropediatra Soto. En función de lo «que vayamos encontrando, iremos pidiendo nuevas pruebas».

Aunque se ha evitado en todo momento facilitar detalles particulares, cabe señalar, y atendiendo a la información transmitida en rueda de prensa, que además de microcefalia, el feto «sufre otras malformaciones».

Otras afectaciones

La microcefalia es la secuela más conocida de la infección por virus Zika, pero no la única. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló recientemente que hay evidencias que apuntan a una relación causal entre zika y el síndrome Guillain-Barré, una afección neurológica poco frecuente que afecta al sistema nervioso central y puede causar parálisis permanente. Los especialistas brasileños calculan que la infección por Zika incrementa un 20% las posibilidades de desarrollar este trastorno. Otras complicaciones neurológicas y autoinmunes han sido excepcionales (meningoencefalitis y leucopenia). Sólo se han visto en la Polinesia Francesa.

Como explica el doctor Trilla, se han descrito hasta ahora distintas malformaciones en el sistema nervioso central del feto cuando la madre resulta infectada en el embarazo. «Por lo que sabemos, el virus es capaz de detener parte del desarrollo embrionario, lo que se traduce en distintas deficiencias y déficits sensoriales», explica el especialista en Salud Pública. Entre estas secuelas, se han registrado algunos casos de retraso mental, problemas auditivos, convulsiones o epilepsias.

También hay documentados algunos casos de bebés que han nacido aparentemente sanos pese haber convivido con la infección en el útero, «aunque en el seguimiento posterior se han identificado algunas microcalcificaciones en el cerebro, que habrá que ir viendo a medida que crezcan si representan algún problema de salud».

Fuente: http://www.elmundo.es/

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